viernes, 17 de octubre de 2008

The goonies


Via "El Pais" obtengo el siguiente artículo, que me parece muy interesante. En el se hace referencia a algo que los de mi edad, y alrededores, que nos dedicamos a esto de entrenar, percibimos desde hace años.
Las cosas han cambiado y mucho en este tiempo. Aunque los niños, secularmente, son niños, es cierto que su entorno ha cambiado a un confort extremo en muchos casos, a una burbuja de protección que ha venido dada por mil sitios. Padres sobreprotectores, entorno viciado por una supuesta inseguridad, cambio en los hábitos de vida...que se yo.
A día de hoy, resulta increible pensar en un escenario de educación como el que tuvimos en mi generación y ya no digamos en las anteriores. Yo me iba al cole andando, solo. Los Carmelitas estaban a 90 segundos de mi casa. Clase hasta la 1 y media, volver a comer, cole a las 3.30, y salir a las 5.30 si no nos castigaban, claro. Si eso no ocurría, algo que dependiendo del cura de turno era muy probable, jugaba en el patio del cole hasta las 6, porque no me dejaban más, a menos que entrenase, claro. Todo eso al aire libre y con dos bombillas de 50 como única iluminación. (Nunca fueron muy espléndidos con ese tipo de cosas..."abnegacion y austeridad, caballeretes" ) . Para casa, solo, a las siete y media, merendar mi nocilla o mi chorizo, hacer los deberes, y ver un poco de tele ya con papá, mamá y mi hermana (que llegaba tarde de Santiago), la única tele que había, si la peli no tenía rombos. (Lectores más jóvenes, podéis saber qué era esto de los rombos aquí ). El fin de semana y el verano, me los pasaba fuera, en la calle, jugando a mil cosas en una zona casi sin urbanizar, un barrio obrero donde la mayoría de las familias eran como la nuestra (rollo "Cuéntame") .

Extraigo las citas que más me han llamado la atención.

Así pues, juegan. "Quizás menos, al tener más actividades extraescolares. Éstas se han disparado", sostiene el profesor de Comillas. "Un tipo de juego menos social (con poca calle, menos vecindad y menos hermanos)", continúa. Los hijos únicos o los que pasan parte de la tarde en casa solos (estos últimos, un 17%, según la citada encuesta) recurren con frecuencia al videojuego.

Aquí nos encontramos de frente con un problema diario. El concepto de baloncesto que nosotros tenemos y el de muchos padres está radicalmente enfrentado. Para muchos padres, saturados de trabajo y sin horas libres por la tarde por esta política de conciliación de coña, la salida para que los niños no estén con la abuela (si vive) o contratar a alguien para que los cuide es anotarlos a 3 actividades consecutivas para que estén ocupados toda la tarde, importando más bien poco que actividades sean en algunos casos. Eso sí, que no me ocupen mas que un fin de semana al año." Tu madre y yo queremos descansar el domingo por la mañana mientras ves dibujos.....no estamos para llevarte en coche a jugar a ningun lado."
Las APAS (Perdon, ANPAS...) además, ven esto a lo lejos y ya ofertan dos actividades al precio de una, descuentos....nada de esto es intrínsecamente malo, pero reduce en mucho el nivel de compromiso con un equipo, uno de los valores fundamentales del deporte.
En cuanto a los videojuegos, tampoco soy de los que creen que si juegas al GTA vas a acabar aniquilando inmigrantes a escopetazos por la calle, porque yo jugue y mucho con mi spectrum en mi adolescencia y no persigo fantasmas por laberintos, ni miro al cielo por si naves hechas de cuadritos me disparan. Pero al ordenador no jugaba más que cuando no podía jugar en la calle, porque llovía, o no venía ningún amigo a casa, y nunca era un sustituto. Quizá ese orden se ha invertido.
Más:

"Son reyes y reinas de hogares donde los juguetes pueden llegar a ser excesivos y a la vez nunca suficientes. Para contar con compañeros de juegos tienen que recurrir a sus padres o abuelos, encontrarlos en el colegio o salir al parque en su búsqueda. Allí, en el parque, suelen estar los amigos del barrio, a condición de que padres o niñeras coincidan.

"A tapar la calle, que no pase nadie...". Hay niños que todavía entonan esta vieja canción, pero no pueden poner en práctica su letra. Esa calle imaginaria ya no existe, y la real constituye un espacio escaso y disputado. "La experiencia de la calle que vivieron los chicos de los setenta y ochenta estuvo marcada por una fuerte crisis económica que la volvió insegura", recuerda Vidal. "Por otra parte, una generación de nuevas violencias contra los niños, como el secuestro y la muerte de Mari Luz, junto con la difusión amarillista por televisión de los sucesos de Alcàsser o la desaparición de Madeleine, nos ha hecho extremadamente precavidos. Se trata, ante todo, de una cuestión de seguridad y es difícil que se revierta, excepto en lugares vigilados de urbanizaciones","

Totalmente de acuerdo. De hecho, yo viví esa época violenta, quizá en otra forma a la violencia que hay hoy, pero si que en mi etapa de instituto vi mas drogra que un agente de la Udyco. Y la vi pasar por delante de mi en autobuses, en baños, en patios de atras, a compañeros de pupitre. No fue la vigilancia, sino la educación, la que me apartó de ella.

las habitaciones tienen dotaciones hasta hace poco impensables: el 40% tiene televisión en su cuarto, equipos de música, ordenadores e Internet por wi-fi", enumera. Según los datos manejados en la encuesta, 6 de cada 10 niños prefieren estar en su cuarto. En Japón ya ha aparecido el fenómeno del rooming, la patología por la cual el niño se enclaustra en su habitación todo el tiempo que puede, hasta el punto de merendar y cenar allí.

De esto, sólo hay un culpable. A mi, por ejemplo, y supongo que a muchos de vosotros, no se me permitía. Y no me crié con depresión ni nada parecido. Y como me retrasase mucho a sentarme a la mesa, que no se levantase papá....

Las actividades extraescolares en el centro o en los polideportivos próximos, todavía insuficientes, compensan la tendencia al sedentarismo de unos niños abocados a condensar su ocio bajo cuatro paredes.

Un indicio para saber por qué hoy en día prolifera una disciplina, la traumatología infantil, inédita hasta hace unos años. O por que antes en una clase solo había un gordo o dos (En la mía, era yo. Y si, eramos gordos. Y nos llamaban gordos.) y ahora solo hay un par de chicos o chicas atléticos, o dos.

La psicóloga Silvia Álava cree que la calle fomenta la participación. "Antes de jugar tienen que negociar y decidir entre todos a qué van a jugar, cuáles son las normas... Se dan procesos de atención y de aceptación de unas reglas previamente acordadas por el grupo, un aprendizaje muy valioso para su futuro", observa. "Los juegos que se celebran en la calle", añade, "permiten una mayor movilidad de los niños: además de hacer ejercicio, se trabaja la psicomotricidad, la coordinación (con juegos de saltar a la comba, o a la goma) o el desarrollo de las destrezas finas, como puede ser jugar con la arena. Eso sí, no les llevemos al parque con una consola portátil", advierte.

Creo que en pocas ocasiones he estado tan de acuerdo con una sicóloga. Al menos, en ámbito diurno...

Y para terminar, el párrafo clave, el definitivo para mi.

El muro protector se rompe en la adolescencia, cuando los chicos reclaman libertad total para quedar con los amigos. El contraste es fuerte. Algunos pasan en el mismo año del parque a la discoteca juvenil o al botellón. "Es un error hacer las cosas de golpe", opina Álava. "Conviene hacer a los niños autónomos y responsables desde pequeños, y que al llevarlos a la calle o al parque dejemos que se desenvuelvan ellos para darles una mayor seguridad; que sepan que estamos ahí, pero que ya son mayores para jugar solos. Conviene que los hagamos prudentes, pero no miedosos. Dejémosles que hagan cosas dentro de lo que resulta acorde con su edad. Quizás es pequeño para ir solo a por el pan, pero el adulto puede esperar en la puerta de la panadería y que el niño pida y pague el pan, de esa forma se sentirá importante, aunque el adulto controle la situación", asegura. "Si aprenden a ser autónomos, llegarán a la adolescencia en mejores condiciones",

En mi caso, esa colisión ya se produce cuando empiezan a entrenar conmigo , o con gente que entrena parecido a mi. Las normas y autoresponsabilidad que yo pido (si vas a faltar, me llamas tu, me das explicaciones tu, no tu madre. Si te pido que traigas una fotocopia del DNI, me la traes tu, no tu madre. Si te pido que rellenes la ficha, lo haces tu...) muchas veces colisionan con el universo infantil que los padres persiguen mantener en un estéril intento de preservar al niño que pierden irremisiblemente camino de un adolescente de voz de pito y acné incipiente. La severidad que algunos tenemos entrenando, el trato sobrio y a veces duro que usamos, la responsabilidad que pedimos, muchas veces no se entiende. (" A veces les grita entrenando, y mi niño eso no lo lleva bien, no está acostumbrado...")

¿Alguien se imagina lo raro que hoy en dia parece una pelicula como los goonies, simple grupo de amigos jugando en sus bicis por la calle?

1 comentario:

  1. Buenísimo Code, muy acertado y sobre todo, muy real,cuidate crack y ven a vernos cuando juguemos contra betanzos, un abrazo

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