jueves, 16 de octubre de 2008

Médico de Familia

Hace un año, más o menos, al inicio de la temporada, volví sobre un tema que a mi me parece de suma gravedad, el tema de los reconocimientos médicos. Lo traté de pasada en esta entrada:
http://javiercodesido.blogspot.com/2007/09/er.html
A cuento de una circular de la FEGABA donde se "ofrecía" un reconocimiento por unos euros a quien lo necesitase. No volveremos sobre lo tratado en esa entrada, puesto que no existe esa circular este año y por tanto entiendo (que se me corrija si me equivoco) que no hay tal posibilidad. Al menos, en el caso de lo asegurados de categorías base (Cadete y liga FGB infantil en particular) que necesitan autorización firmada por médico para jugar, no existe posibilidad alguna para esa autorización que el médico de familia acceda a dicha firma.

Me comentaba el lunes una madre de un jugador que ella habia conseguido esa firma por medio de una amistad personal con un médico, pero que en el centro de salud había colgada una circular que rezaba, firmada por gerencia "Lémbrase os facultativos a imposibilidade de realizar recoñocementos médicos para aseguradoras deportivas". Es decir, pasan los meses y seguimos con el mismo problema, pasándole la pelota a los padres del chico.

Tal y como yo veo esta situación, por un lado
a) Las federaciones aceptan en sus negociaciones que las aseguradoras no tengan que asumir esos reconocimientos médicos, para conseguir mejores precios.
b) La atención primaria, desbordada, evidentemente no quiere realizarlos, además por la propia responsabilidad civil que pudiera devenir. Segun la información que yo tengo, dada por cierto médico con el que me une una estrecha amistad y muchas pachangas de miércoles, para firmar "Eso que pone ahi", como el dice, se necesitan una serie de pruebas diagnósticas caras y que además, no descartan 100 % la presencia de alguna patología peligrosa.
Por todo esto, llego al punto
c) las aseguradoras deportivas acabaran exigiendo ese reconocimiento o firma facultativa acreditada, que acabarán por sufragar los padres o los clubes. O sea, paganinis, los de siempre. Negocio para la sanidad privada y un padre que se pregunta por que para que su hijo juegue tiene que pagar un seguro que en muchas ocasiones no pone más que problemas para atender al chico, pagar una cuota al club, pagar su S/S como es de ley y además, pagar un reconocimiento a mayores.

Mucha gente me dice "Eso es una exageración, malo será". Bueno, para uno que ya vivió un par de crisis asmáticas sin saber que lo eran en un par de chicos de 15 años, (Recuerdo sobre todo la primera, que acabaría en un estudio cardiológico muy serio) no es tanto. Y leyendo este artículo publicado hoy en "El País" acentúo mi preocupación. No entro ni salgo en la posible o no negligencia médica. Me quedo solo en un par de detalles del artículo. El primero

(..)David quería federarse en fútbol y ciclismo. Por eso acudió a hacerse un reconocimiento médico al Hospital de Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. Allí, tras someterse a varias pruebas, fue diagnosticado de una patología cardiaca, síndrome de Wolf Parkinson-White, una enfermedad en la que se desaconseja, según la Sociedad Española de Cardiología, la práctica deportiva de alto nivel. Pero el chico volvió a su casa tal y como llegó al hospital. P. T. M., el cardiólogo que le atendió, no le explicó el riesgo que podía correr si seguía jugando al fútbol o montando en bici al ritmo en el que lo hacía. Tampoco le informó de que existía una posible operación para terminar con esta patología cardiaca. Así, David siguió manteniendo la ilusión de ser deportista profesional.(...)

Esa situación no se habría dado aquí. O al menos, difícilmente, porque aqui ese reconocimiento se hace "sui generis" y de favor en un centro de salud, sin medios, sin posibilidades. Otra cosa, insisto , sería bucear mas en este caso, en los detalles que el articulista pasa por encima (por que se le hicieron tantas pruebas, era asintomático o no, por qué le atendió un cardiologo directamente y qué se sospechaba....)

Un último apunte:

"Todo habría cambiado si el médico nos hubiera dicho que no podía hacer deporte. O si nos hubiese informado de que su enfermedad se podía operar", reclama Barros.

Rafael Martín Bueno, el abogado de la familia y de la asociación a la que pertenecen, Avinesa (Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias), sostiene que precisamente el reconocimiento de que el médico tendría que haberles informado sobre esos riesgos y también sobre esa posible intervención es una de las claves de la sentencia. María Antonia Moral Rosel, presidenta de Avinesa, es de la misma opinión: "Nadie puede decidir por el paciente, tampoco hurtarle información. Cada uno debe asumir sus riesgos, médico y paciente".


"El reconocimiento médico es una de las claves de la sentencia". Ese es el reconocimiento médico que a nosotros, nos falta. A lo mejor, y lo digo como sugerencia, es momento de que estamentos implicados en nuestro deporte comiencen a pensar en un enfoque global de este problema, que implique el pertinente reconocimiento médico y la partida presupuestaria adecuada. Si un chico de quince años tiene un seguimiento por parte de un pediatra desde que nace, esta información puede ser un buen punto de partida para que el especialista mutualizado reconozca a ese niño y los riesgos razonables ( y esta es una faceta técnica que desconozco) que puede correr, para evitar terribles situaciones como la de David.

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