jueves, 28 de julio de 2011

El final del cucurucho. (parte III. leyendas de pasión)

Cada vez que veo a la cada día más cambiada selección española, esta selección de nuestras entretelas que tanta alegría nos ha dado, que nos ha hecho amar el basket desde una madrugadas de 1984, y que nos hizo inmensamente felices aplastando a yugoslavia por 20 puntos arriba, que decía la canción, tengo la misma sensación que cuando estabas acabando un helado de estos de cucurucho "comprados, no de máquina" que decíamos de pequeños. Estos helados que además de estar muy buenos, ser muy caros (no estaban a nuestro alcance, solo cuando papá decidía un domingo que estaba rumboso o cuando años más tarde, se vendían en las estanterías del carrefour y no importaba engordar como un zeppelin) tenían una característica especial.
El fabricante, lujuriosamente, había dispuesto que no sólo el helado estaría para matar por el, sino que además, en los últimos centímetros del mismo, cuando aún conservaba la forma cónica pero ya la vainila o similar era un recuerdo pegajoso en nuestros dedos, se albergara como virginidad de novicia un extremadamente delicioso, fino, untuoso y exiquisito trozo de chocolate, traído sin duda por arcángeles celestiales de algún recóndito lugar del áfrica tropical, de donde años después, vendrían pivots cadetes a dominar nuestros campeonatos, fíjense ustedes.

Ese trocito de gloria era efímero. Y mientras lo devorabas con obscena fruición, eras consciente de dos cosas: Una, que ibas a tardar en pillar otro, y dos, que si bien el helado estaba bueno, el chocolate no lo estaba menos, y lo que era peor, a ambos no les quedaban más que unos segundos.

Me tempo que la olimpiada de 2012 será el final del cucurucho para nuestro baloncesto, por una inexorable ley de lógica aplastante y por muchos armarios de IKEA que compremos al ministro Blanco. España es España, es terrenal y mundana, y no puede siempre tener a una legión de talentos irrepetibles vistiendo su camiseta. Volveremos a las épocas terrenales, esas de un par de minutos en el telediario y dificultades para encontrar el gigantes en una librería. Pero mientras, aprovechemos el cucurucho y recordemos otros helados que para los más jovenes no significan nada, pero que a algunos aún nos encogen el corazón.

1 comentario:

  1. Creo que seguramente dentro de unas décadas, siempre nos quedárá en el ÑBA un tal Juan García, base bajito, malhumorado, cabroncete, de los que saca una técnica cuando estás 10 abajo, ese será el que entre Igors, Kambubis, Vitalys, etc... hará que cuando la Selección vuelva a ganar un mundial, nos volverá hacer llorar de emoción, aunque cuando ganemos la mayoria diga "aitulikamasimba" (somos campeones)

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