lunes, 17 de noviembre de 2014

No deberías haberte ido.




El pasado sábado al poco de levantarme a las 6.30 de la mañana para preparar un biberón y arrancar media hora más tarde para jugar un partido en la otra punta de Galicia con un equipo de adolescentes en pleno proceso de forjado, me desayunaba con la devastadora noticia de la joven Alicia.
Los que ya somos papás sabemos que nuestras vidas sin nuestros hijos carecerían de sentido, a pesar de que cuando son adolescentes lo que mas nos une con ellos son las comunes ganas de mandarnos mutuamente al carallo. Alicia falleció mientras  perdía la tarde de un viernes jugando al baloncesto, un viernes que a buen seguro sus amigas o muchas compañeras de clase estarían perdiendo con otro tipo de ocio bien distinto. Ella no. Como nosotros, que perdemos un sábado dejando a nuestras peques dormidas, recorriendo carreteras más peligrosas de lo que debieran en autobús por obra y gracia de la"pelotita", que diría mi padre.
Alicia no pertenecía al método. Por Alicia, a buen seguro, no se va a instalar un DESA en el polideporitvo de Benidorm donde jugó. No había ambulancias cerca de Alicia, porque no puede haberlas en cada polideportivo. Su entrenador y otro que por allí pasaba intentaron lo imposible. Pienselo, amigo padre anónimo que tanto le gusta la gresca en la grada. Piense en las dos personas que tuvieron que atender a esta niña la próxima vez que le diga a gritos eso tan socorrido de que "no tienes ni puta idea". Piense en que si estos dos señores han atendido a Alicia, será probablemente porque en algún momento se han preocupado de recibir la formación adecuada para ello, o al menos, para intentarlo.A su cuenta y riesgo.
No, Alicia no jugaba en un pabellón con todo esto, y quizá lo más desasosegante es que de nada hubiese servido aunque así fuera. Nos gusta pensar que hay formar de huir de la fatalidad. Pero no lo hay.
Pertenezco a esa legión de tocacojones que dan mucho la vara con esto de los reconocimientos médicos, con esto de que se instalen DESAS y se imparta formación para su uso en las instalaciones deportivas. Las Federaciónes, a palos, a regañadientes, han ido viendo una realidad dolorosa. No todas, pero algunas de estas desgracias pueden evitarse, si se dan todos los pasos. Conseguir un DESA en una instalación pública es más difícil que conseguir una piscina sin agua. La piscina se puede inaugurar aunque luego quede para que las arañas entrenen la maratón, pero a ver que mierda de inauguración se puede hacer de ese cacharro de los cojones, como se llame, Besa, Tesa, Desa o lo que sea.
 El Desa no salva todas las vidas. Los reconocimientos médicos pueden ser tan exahustivos como estemos dispuestos a pagar, pero la puta y tozuda realidad es que existen miles de patologías cardíacas casi indetectables que se pueden llevar a nuestros hijos. Es esa cara B de la vida, la que no sale en los anuncios de lotería, esa misma cara B que está en un neumático que revienta o un conductor que se despista y un autobús que se despeña.
Nada de lo que hagamos será suficiente, pero no puede quedar sin hacer. Y mientras no se haga, estos mismos tocacojones seguiremos haciendo eso, molestar. Para que haya menos Alicias. que no vuelvan a casa después de su partido.